He echado de menos esos días raros y alocados que viví contigo. Me dijiste que era un amigo, un gran amigo, una persona especial y distinta que se había colado en tu vida, que a mi lado sentías y vivías cosas hermosas, que a pesar de querer negarlo te llegó a embargar la ilusión. Lo vi en tus ojos, en tus labios y en el estremecer de tu cuerpo.
Pero después volvimos a este mundo real tan distinto de las historias de amor que se cuentan en las películas. Encontraste una excusa para engañarte, para justificarte, para poner fin. Sembraste distancia entre los dos, la cual ha germinado y crecido más de lo que te imaginas. Lo nuestro era una locura, y yo sólo fui una manera de aparcar tu soledad, de enterrar tu melancolía y tus auto engaños.
Aunque caerás en el olvido me quedo con la grata sensación y convencimiento de que puedo, y de que estoy preparado para ilusionarme, que quiero hacerlo. Volver a sentir que estoy vivo, que creo en el amor verdadero y no en la cabezonería y falsedad con la que tu ensucias la grandeza que se encierra en esa palabra de cuatro letras. Siento que tengo mucho en mi interior, y que puede llegar ese día que cambiará todos.
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A veces nos disponemos a estrellarnos, algo en nuestro interior es consciente de que va a ocurrir… pero aún así decides seguir. Eso en sí ya es una victoria, porque si no luchas por algo no puedes defraudarte porque no ocurra, no puede hacerte daño. Pero no sentir esa ilusión significa que ha muerto algo en ti.
Harto de tanta duda tuya
de tus preguntas al tiempo
de tu ausencia de sueños e ilusiones
de tu falta de locura
de tus esperas sin lucha
de que no quieras cambiar el mundo










